poesia

AQUÍ SIGO,
Como ramita seca,
algo se me parte, de a poquito,
cuado tantas hacen maletas
o no las hacen, pero igual se van.

Yo no me marcho,
cuando tantos ya no viven aquí.
Me niego al exilio,
aun cuando ya sé que a cada paso
amenaza la presencia del déspota;
la bestialidad del tirano;
las huellas del desamparo
Ante los rostros en las fotos del diario
de los fantasmas de 45, 46, 80 mil.
Cada día, mujeres, hombres, niñes,
que aquí no se llaman asesinadas,
dice el presidente que son daños colaterales. 

Me quedo, a mirar las ruinas
de lo que eran sueños tan sencillos,
de sosiego,
como el desayunar cada día
con un trozo de pan fresco,
tal vez con mermelada de durazno.

Ilusiones tan simples como ir a la escuela
sin miedo de ser desaparecida,
como otras, al regreso.
Buscar en el periódico
los anuncios de empleos;
de maestra de teatro,
para vender hamburguesas,
naranjas o cualquier otra cosa.

Ambiciones tan desbordadas
como contar con dos monedas
para invitarte un helado
comprado en la tienda de la esquina.
O, dormir tranquila la siesta
con tus piernas tibias entre las mías.

Me sostengo aquí.
Aún en contra del terremoto,
de los brazos cansados,
del monedero vacío.

En contra de las traiciones.
De los acomodaticios,
que nunca faltan.

Mirando a los ojos de los
milicos,
que ocupan las calles y
dan miedo,
rostros grabados en la
infancia de mi niña,
que no juega en los parques.

Reclamado a los represores,
por todos los que han sido golpeados
por todas las que nos faltan,
conteniendo a los machos
que se sueñan héroes de guerra.
Todos juntos, esos que no se enteran
de lo tarde que es ya en este siglo.

Pues así, así y todo:
No renuncio.
No me marcho.
No me marcho.

Porque la esperanza para mi tierra
es para construirla mía.
Más alimento que los alimentos.
Más hermosa que el paraíso,
de nubes blancas,
a la obediencia
que ofrecen los vendedores de  cruces
para cuando yo muera.

Porque ni los plantadores de miedo,
ni todo su horror,
pueden combatir la certeza
que da el llamado de la Pachamama.
Yo sé que el único lugar al que puedo ir
es hacia este grito en el viento.

Patricia Karina Vergara Sanchez

A TATIANA DE LA TIERRA

¡Vaya!
para llorar tu ausencia
tendría que cantarte
Cómo hago, Tatiana
¿bailamos un responso de vallenatos por tu partida?
Dueña de sirenas y palabras sin trancas
cuan huérfano de tu enorme sensualidad
este mundo de asesinos se queda
Si no fuera por tu palabra roja y lúbrica
que entre nosotras aumenta
tendría que llorar de dolor por tu inmenso silencio
Pero te canto Tatiana
mascarón, nave, mar,
cuerpo hecho completo de palabras
lechosa, fruta bomba, papaya dulce y duradera
reina de todo
de todas
Seguí comiendo moras que te pintarán la boca
y gozá todas las pieles lesbianas de todos los tiempos
andá que esperaremos tu vuelta
¿o es que alguien cree que estás muerta?

melissa cardosa

PESQUISA POR UNA MUJER

Busco a una mujer
que recueste su boca sobre mis huellas,
cante sin cansarse para mí.

La busco queriéndola encontrar en poemas
para encarnarla en la tarde,
la quiero libre sin quererme siempre,
esperando en un desnudo sutil,
enferma de las cosas de la noche.

A una mujer
que no porte más que tacones por la calle,
se esconda cuando la busque,
camine de la mano de otros
doliéndole la dureza y blandura de mi alma,
que tenga secretos y no los revele,
que crea en mis mentiras
y se carcaje de mis verdades,
que coma elotes conmigo en el parque.

Una mujer
que me busque en la madrugada
y al final siempre repita mi nombre
que no es otro que nada.

Susana Chavez

CUANDO SE DICE SOY

Cuando digo que soy lesbiana me adelanto a los que,
al referirse a mi, dicen: “es”.
Al ser lo que soy, también sigo siendo todo lo que soy:
la que desayuna con toronjas, la que no se peina nunca,
la que baila ballenatos y la que sigue siendo lo que es.

la que “es” pero no dice “soy”
nada más puede ser lo que es cuando está rodeada de otras
que posiblemente tampoco dicen lo que son
salvo cuando están entre ellas mismas.

la que “es” pero no dice “soy”
también puede “ser” lo que es cuando está sola,
cuando no hay ojos para detallarla y declararla.

Claro que no importa si las que son no dicen “soy”
porque igual casi siempre se sabe que son.

Tatiana de la Tierra


TAN INSUFICIENTE

Esta es mi furia, color verde ocre, amarga.
Esta es mi rabia, que punza, inclemente,
que se ofende contra estas letras indignas.
Palabras torpes para nombrarlas.

Por que Du’a, era muy joven y estaba sola.
Eran cuarenta, cincuenta hombres que la rodearon.
La golpearon, arrancaron su ropa, lanzaron rocas a su rostro.

Porque cuando dejó de respirar, ellos gritaron triunfantes.
Grabaron en video, con teléfono celular,
el hilillo de sangre que corría sobre el pavimento.

Porque Sali era una viajera, con su andar libre por la tierra,
pero ese hombre hirió su cuerpo y detuvo su paso en el tiempo.

Porque hace tres días Alí fue asesinada.
Usó un cuchillo contra ella, ése, que decía amarla.

Porque Iris tenía siete años cuando se la llevaron.
Porque su madre encontró el cuerpecito de su niña
en un bote para basura.

Esta es mi furia tonta; mi rabia negra, roja, que no basta.

Porque son, porque somos, demasiadas.
La cercanas, las que están lejos, las amigas, las cómplices,
las que hacen, las que rompen, las compañeras y las que no.

Porque es una muerte infame.
Tres minutos indignos en el noticiero de hoy.
Un par de días, la indiferencia, la injusticia absoluta.

Quién fuera el aullar resonante en todo espacio acústico.
Quién que llame en el viento, con voz potente,
a todas las que nos faltan: a Marisela, a Leticia, a Marcia, a Sara.
Hasta que nadie pueda negar la escucha.
Hasta que nadie pueda continuar viviendo, como si nada hubiera ocurrido.

Quién fuera el puño que se estrelle contra la roca, poderoso, incansable.
Quién que grabe, imborrable, a golpe de presente constante,
los nombres de Victoria, de Emilia, de Martha, de Jasmín, de Natalia.
Quién la fuerza para el combate contra el olvido.
Quién el castigo a todos los malditos.

Sin embargo, respiro esta furia,
Sin embargo, me alimento de esta rabia,
Porque este oficio de escribana a penas alcanza,
para este humilde dar testimonio de la pesadilla cotidiana.

Patricia Karina Vergara Sánchez


PINTAME UNA MUJER PELIGROSA

píntame una mujer peligrosa

una que coma culebras
una que ladre

que se peine la barba
una mujer con la vagina violada
con las tetas caídas
una que singue y goce
una que tenga cucarachas aladas
al lado de la cama

píntamela para poder mirarme al espejo

Tatiana de la Tierra

2 Responses

  1. viridiana

    Hola compañera, con todo este desmadre electoral, las tope en un video sobre no voto y me organizo, me interesa participar en sus actividades y participar, como puedo contactarlas?
    saludos
    viridiana

    30 mayo, 2012 at 11:42 pm

    • magdalena dubois

      Hola Viridiana,
      qué chido que nos escribes.
      Te dejo nuestro correo para que nos escribas ahí y podamos explicarte un poco más de cómo y qué hacemos (aparte de lo que ves en esta página).
      Besos combativamente antipatriarcales

      6 junio, 2012 at 1:18 pm

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